2020-10-25

RECLAMO ORANTE

LLAMADA ORANTE

Reclamo orante

Y cuanto más se enzarza el desasosiego social, comunicador y de relación, más se afianza la razón del combate, la actitud de la contra, la perseverancia en el dominio…, y más humanidad arraigada, que no asume variables que no sean las que impone la autoridad.

En ese estado de… “estar”, la Llamada Orante queda relegada, y… hoy, nos reclama que es justo cuando más, más, más necesitamos de ella.

La capacidad de poder que ha desarrollado la especie humanidad es asombrosa. ¡Asombrosa! Sus recursos destructivos son… casi ilimitados. Y sus intenciones de control, dominio y manipulación se han generalizado. Y cada cual procura, con su estrategia –salvo excepciones-, llamar la atención, imponer su criterio, reclamar caridad, imponer actitudes, pasearse egolátricamente con la impunidad…

Y cada cual va aduciendo sus… formas: el “yo soy así”; el “ya cambiaré cuando tenga, cuando logre, cuando alcance…”.

El Sentido Orante, en su perseverancia, nos reclama el abandono de esas estrategias. Nos reclama nuestra consciencia de Universo. Nos reclama nuestra convivencia consentida –con-sentida-. ¡Nos reclama nuestra capacidad solidaria! Nos reclama… nuestro ¡origen Creador!, de las mil y una forma que se pudo hacer, realizar o concretar. ¡Nos reclama que todo ello es “ama-necer”! ¡Es nacer continuamente gracias a la fuerza del amor!... que el hombre también quiere poseer, tener, controlar, dominar… Y lo institucionaliza a través de leyes, contra-leyes… Prostituye su ideal, sus ideales, y los convierte en esclavos de la impunidad.

Ciertamente, consciente es… la Llamada Orante, de su débil vibración. ¡Es enorme en su intención! ¡Es infinita en su Amor! Pero la humanidad, ¡desconfiada, exigente e impositiva!, apenas si escucha; apenas si aprende. Y busca y encuentra refugio en su ego-idolatría, camuflada de miles de formas… totalmente egoístas.

Pero parece resultar casi imposible que el ser se replantee su forma, manera y actitud del “estar”; del estilo de vivir.

Y han pasado… –¡ay!- ¡han pasado enviados, avataras, santos, ritos, liturgias, religiones, filosofías, humanidades, civilizaciones!… con sus mensajes.

Y pareciera… –y evidente también resulta- que nada de eso hubiera ocurrido. Pareciera que ningún profeta habló o dijo o escribió. Pareciera que la excepcionalidad, lo imprevisible, lo inesperado, lo milagroso, nunca hubiera existido.

Allá… sí, allá, a lo lejos de la consciencia, reside el reclamo, ante… ¡lo que no se pueda lograr!, de orar para pedir, casi exigir, y culpabilizar, por supuesto, a la Creación, a lo Divino, a lo… –como se le quiera llamar- de todas las penurias que tiene el ser. ¡Por una parte se reclama el libre albedrio de hacer lo que el ser considera oportuno! Por supuesto, sin consultar con el abrigo divino –“sin consultar con el abrigo divino”-.

Veleidades de poder, vanidades de autosuficiencia… que algunos tienen la suerte de que se les aclara de golpe, para que se vea otra realidad.

Desde la infinitud… vibrando está la Oración.

Desde la infinitud… actúa con su sutil predicción.

Mientras desde la inmediatez de la actualidad… el ser se debate en sus contrariedades.

La Llamada Orante nos sugiere, sutil pero rigurosamente, el no caer en la fácil repulsa o en el fácil consentimiento. El escuchar lo que el Misterio Creador sugiere, dice y expresa cuando nos Contempla, cuando nos Medita, cuando nos Ora.

Que ese alimento transfigure nuestra presencia, configure nuestra percepción, aliente nuestra ilusión.

Hay que disponerse bajo la grandeza de nuestro origen, mantenimiento y presencia, para así saberse adaptar, ¡sin renunciar!… a los proyectos de ideales que sugiere la Providencia.

Y cada vez –como si fuera o se tratara de una carrera veloz- los obstáculos se hacen más manifiestos, y los recursos para eludirlos se hacen más humanos y menos animistas, y muy menos espiritualistas. Con lo cual se pasa a engrosar la masa vulgar del “usar y tirar”.

Y la humanidad se usa y se tira con total impunidad y frivolidad; sin ninguna belleza.

Y ahora la Llamada Orante se nos presente como un aviso de flash que pretende deslumbrarnos para obtener de nosotros la mejor imagen, para que se geste en cada ser su mejor versión, y saberse ligado a eseflash Creacional, desde lo Infinito.

Por una parte, la humanidad se siente vigorizada, supremacista y dominadora de la vida y el vivir. Pero por otra parte se siente amenazada, desconcertada, asustada… por el dominio que el hombre ejerce sobre el hombre; por la constante y perseverante actitud de controlar y vulgarizar lo cotidiano, quitándole todo sentido… de ánimo, de ánima, de humor, de amor –por supuesto-, que tiende a convertirse en una moneda: nueva, vieja o mediana…

Decía la plegaria: “Nuestro auxilio es el Nombre…”.

Pero si eso se modifica… y nuestro auxilio se convierte en el dominio alternativo según momento, circunstancia e incluso época, entonces estaremos siempre vendidos al mejor postor, al más hábil y al más dominador.

El Sentido Orante nos reclama que, a la hora de acudir a los “plastificados” remedios de la índole que sea, el ser debe imbuirse, antes, de su posición de Infinitudes, de Universos…

Las noches pretendían, con los sueños, inmiscuirse en las profundidades de la consciencia, animar la Eternidad de la vida, y ofrecer la vigilia del amanecer… como el mejor regalo de cuido, de afecto, de ¡referencia grandiosa!

Pero la consciencia ordinaria ve el sol como una reacción termonuclear, ve las estrellas como un producto de un gran disparo: Big Bang. Parece que se ha agotado la capacidad de imaginar, esa que nos hizo designar inspiradoramente el nombre de estrellas, galaxias y constelaciones –que aún permanecen “por aquello de”… pero que en realidad están ya codificadas con números y letras-.

Las divisiones y divisiones establecidas para establecer pequeños dominios y posesiones hacen perder la consciencia de Unidad, la consciencia de Universalidad, la consciencia de Creación. Y así, el ser ¡se secuestra a sí mismo!… y se declara autosuficiente. Y cada uno, con el “así soy yo”, arrasa su medio, su circunstancia… Y muchas veces, sin darse cuenta. Y otras muchas, sin querer darse cuenta.

Quizás sea la hora, desde el Sentido Orante, ¡de que cada ser asuma la responsabilidad subsidiaria de todos los desastres que hoy ocurren en la vida!

¡Quizás sea el momento de asumir la participación, la colaboración que se hace… a la destrucción masiva de lo solidario, de lo afectivo!

¡Quizás sea el momento –¡sin sentirse culpable, más bien responsable!- de asumir la evidencia de la colaboración en el ocultamiento, en el secretismo, en… la trampa!; ¡en el asegurarse!… mientras los demás queden lejos de mi posesión, de mi idea.

Quizás… sea el momento de asumir la responsabilidad personal, como humanidad, de lo que está transcurriendo, de lo que está ocurriendo en lo inmediato, en lo cercano, en lo semi-lejano…

Quizás es el momento de no evadirse, de no eludir…

Y dejar de culpar y dejar de condenar…, para empezar a construir en base a reconocerse como “participante de un desamor”. Y, a partir de ahí, recogerse en lo Orante, que nos reclama su inquebrantable y providencial asistencia.

Y así, ¡poder suspirar!… por lo bello, lo poético, lo sonriente, “lo siempre posible”, bajo el Auxilio del Misterio Creador.

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