2021-04-18

Y EN EL VIVIR... PARECE QUE SIEMPRE FALTA


LLAMADA ORANTE

Y en el vivir... parece que siempre falta

Y en el vivir… parece que siempre falta: falta este detalle, falta por hacer esto, falta por completar aquello…

Pareciera que el transcurso de la vida fuera un permanente hacer en… “lo que queda por hacer”, sin que se sepa cuál es la cantidad, la calidad o la demanda –en general- de ese “que falta”; de eso que falta.

Si nos situamos en la Creación –que es donde estamos- y exponemos nuestras cualidades, nuestras “sapiencias” –tan arrogantes-... a poco que nos apercibamos de nuestro orbe de acción, nos daremos cuenta de que hay todo un contingente inabordable… que desconocemos; que no está en nuestra dimensión, pero que incide en nosotros.

¿Y cuál es la actitud habitual del ser?

Querer abarcar todas las posibilidades, con la sensación de que las tiene a su alcance. Y lo que tiene a su alcance –en sensaciones- es que está en una inmensidad ¡infinita! Y en vez de –“en vez de”- ir, hacer, estar… según la propia capacidad dicte, y el Infinito permita, se asume o se adopta la posición arrogante de dominio, de control, de capacidad. Siempre queda algo: la sensación de… “incompleto”; que puede ser estimulante –puede ser estimulante- pero también puede ser frustrante.

El Sentido y la Llamada Orante nos sitúa en la perspectiva de sabernos una capacitación muy, muy, muy pequeña, si tratamos de compararla con el asombro de donde nos situamos.

Eso nos debería dar una actitud de humildad, de asombro y de ¡curiosidad! –por supuesto-, pero no posesiva, no resolutiva.

Y no se trata de sentirme “limitado”. ¡No! Si habito en un Universo ilimitado, también lo soy, pero en proporción.

El asumir la proporción de pequeñez… en el Universo amplificado –¡que se amplifica además permanentemente!, dentro del poco saber que tenemos-…

La consciencia de ‘ilimitud’… debe permanecer, pero no nos debe propulsar a dominio, a control.

Nuestra consciencia se fue configurando de una forma tal que, para vivir, tenía que ir ganando, conquistando, teniendo, dominando. Y todo era poco, porque era evidente lo exuberante que tenía a su alrededor, en su entorno.

De ahí que siempre faltara, por la ambición de poseerlo ¡todo! De ahí que se revuelvan los sabios, buscando una ley, “La ley del Todo”, que explique todo, que nos haga capaces de crear, destruir, desarrollar… lo que llamamos “vida”, en sus diferentes formas.

Pero lo que observamos con la visión de nuestras capacitaciones, de los logros adquiridos: nos descubrimos en este gueto de Universo, con infinitud de especulaciones, aspirando a anular el Misterio.

En vez de –ante lo evidente de la falta y falta y falta- asumirse EN el Misterio, la pretensión prepotente es hacerlo desaparecer… y quedarse con la retahíla de: “Bueno, si ahora no se sabe o ahora no se conoce… ya se conocerá, ya se sabrá”. Esa actitud de conquista, de logro; sin duda, producto del magma en el que nos encontramos: ilimitado, infinito. Pero en vez de sentirlo y vivirlo fundido con él, el ser desafía; compite. Y establece un sistema de logros y adquisiciones… que le va satisfaciendo por momentos, a la vez que le decepciona.

¿Podría ser –podría ser- que esa insatisfacción permanente de logro y posesión, ante la imposibilidad de recoger ¡todo!, gestara la muerte? Como un espacio, como un instante de otra forma de vida, distinta a la ansiosa, ambiciosa y… fracasadamente posesiva.

¿Será la consciencia, en su forma de desarrollarse, la que conduce… –por la permanente insatisfacción de lo que falta, pero a la vez con el orgullo de lo que logra-, la que induce a otro estado de consciencia… desconocido totalmente, pero que sitúa la vida en “límite”; la sitúa en un espacio limitado…?

Todo el impulso que da el estar en lo Infinito, al descubrir que no es posible poseerlo…, la consciencia se ve abatida y recurre a un límite. Cuando resulta que su posición es ilimitada.

Y así se establece que “todo tiene su principio y su fin”, que “todo tiene su crecimiento y su decrecimiento”… Así nos hacemos “Gauss” –como la curva vital de todos los procesos-, “aunque”… aunque sepamos y veamos que así no funciona el Universo en el que estamos, en el que las funciones y las actividades se transforman, se convierten, se expanden, se transfiguran… pero permanecen; con distinta configuración, lo cual nos da una muestra de su eternidad.

Pero no se contempla así. No. Se contempla que tal estrella choca con tal, y se destruye y desaparece, y aparece un agujero negro y…

Se le pone “fin”.

Y no hay tal “fin”. Hay una transfiguración transformadora, una mutación sin proporciones, de un Misterio… insondable.

Pero el ser, en su consciencia, para manejarse y manejar su ambiente y su medio, recurre a “lo terminal” como un proceso inevitable.

El Sentido Orante nos reclama la necesidad de configurar nuestra consciencia… y apartarle las fronteras y los límites, para que realmente se sienta en el Misterio, participe de él –porque es Misterio- y se creativice permanentemente.

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