2021-05-02

ESTAMOS, COMO HUMANIDAD, VIVIENDO UNA TRANSITADA Y CONVULSA SEGURIDAD


LLAMADA ORANTE

Estamos, como humanidad viviendo una transitada y convulsa seguridad

Y la vida de humanidad, se ha ido llenando de temores y desconfianzas.

Temores por… lo que se desconoce, temores por lo que se conoce pero… se acepta o se rechaza según interese.

Temores por no ser fiel al criterio, a la propia opinión, a la propia palabra.

Y la desconfianza viene… consecuentemente, al suponer en los demás los mismos temores –ciertamente probables-.

Una desconfianza, además, a nuestro propio saber… porque ¡se ha mentido tanto!, que resulta a veces difícil discernir, en una situación, cuál opción es la sincera y cuál es la falsa.

Basta fijarse en la historia; ¡en cualquier historia! Hay excepciones, pero… en cualquier historia, pasado un tiempo histórico, aparecerán nuevas versiones que obviamente darán por falsas las anteriores.

Estamos, como humanidad, viviendo una transitada y convulsa inseguridad: el miedo a perder lo que se tiene, el temor a no conseguir lo que se propone…

La consciencia de humanidad se ha ido rodeando de pilares carcelarios. Y ha dejado de confiar, temerosa, en la evidente muestra de la vida: esa vida que palpita en cada palmo de tierra, en cada ola del mar, en cada pájaro que vuela. Pareciera como si la humanidad se hubiera desconectado de todo su entorno, en términos genéricos y en términos particulares después.

Como si –y evidentemente así se ve- se hubiera perdido el contacto.

Y ya se ha creado el segundo Ministerio para la Soledad. El primero surgió en Inglaterra, con nueve millones de personas declaradas “solas”, y con el consiguiente y desolador panorama. Y recientemente Japón lo inaugura, con la proporción de que en el 2040, el 40% de la población vivirá sola.

Y para defenderse de esa situación, se hace toda una promoción apoyando ese mini-espacio para “uno solo” –ese restaurante para mesas de “uno solo”, esas raciones de comida para “uno solo”-… como un culto a la soledad; como una medida para sobrellevarla.

La especie está enmarcada en una realidad comunitaria, social. Es absolutamente imprescindible la sintonía con el entorno. En todos los aspectos. Aunque la voluntad y la razón, con su temerosa actitud desconfiada, trate de evitarlo.

Casi se podría decir, en tono jocoso, que el ser humano dirá: “¡Jamás pactaré con otro ser humano! Sí lo haré con la lechuga, con la naranja, la mandarina, las piedras, la tierra, el río… –¡bueno!, depende de lo que llueva-”.

La venta sistemática de seguridades ha proporcionado, además, una dependencia casi… ¡casi carcelaria!, a todo tipo de recursos.

Hay suficientes ofertas para que el ser sea incapaz de crearse a sí mismo sus medios, recursos, etc. En consecuencia, necesita esclavizarse en el trabajo para poder lograr o conseguir lo que necesita.

Constituyéndose así en una fábrica –cada ser-… una fábrica de consumo.

La Llamada Orante nos impele a recoger esta situación y darle una respuesta de posición, completamente diferente. Empezando por la confianza plena en la Creación, ¡que no es un ente hipotético, teórico, que unos lo cogen, otros no…; unos tienen fe mañana, otros tienen hoy…; unos creen, otros no creen…!

¡Qué displicencia egolátrica ignorante es ésa…?

¡Es evidente que se dieron las condiciones “X” para que surgiera la vida! ¡No la creamos nosotros! Y para que se diera ¡en abundancia!, y casi –y digo “casi” porque el nivel de destrucción es tan alto…- casi de inagotables recursos.

Pero si nos empeñamos en poseerlos, en controlarlos, en dominarlos, en no dejar que esos recursos fluyan, y tomar de ellos solamente lo necesario… entonces los haremos, en base a nuestro consumo, “finitos”.

El asumir –¡pero no como una carga!, no como un “ya veremos”, ¡no!- como una evidencia, esa confianza sin temor… a eso que llamamos “Creación”; que nos desborda. Y por ello encontramos ese nombre acotado de “Misterio Creador”: tan solo una descripción para situarnos en la ignorancia… como punto de partida, y en la evidencia, como punto de movimiento.

Ya amanece, y no es por nuestra fábrica, no es por nuestra empresa, no es por aquel poderoso. No, no…

Ya templa el clima, y la mariposa se regocija en el polen…

Y las golondrinas acuden puntuales a su cita.

No podemos perder la perspectiva de Universo… Es la que nos da un orbe de ignorancia y un sobrecogimiento de fantasía, a la vez que nos asegura nuestra estancia.

Con ese soporte estelar… o Divino –si lo prefieren- está garantizado lo seguro, lo confiable, lo certero, lo Creador, lo ¡Providencial!, que con sus signos, sus casualidades, sus suertes y sus coincidencias, nos da una y otra vez un lenguaje.

Si ese orbe de Universo está palpitante, nuestro latido será acorde con ello. Y, sin comparaciones, cada uno se sentirá y se expresará sinceramente en su estar, en su recurso… Y se dará cuenta de que la confianza mutua conlleva logros, conlleva alegrías, conlleva vibraciones novedosas, innovaciones, ¡expectativas que se abren… en todas las fantasías!

El silencio nos cobija con su manto de Lenguaje Creador. Nos abre un espacio para nuestra imaginación. Pero a la vez, habla. No precisa del sonido.

El brindar la ocasión para que nuestra elucubración surja es su forma de promovernos. Sin ello no sería posible descubrirnos.

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