2021-05-09

LA CONSCIENCIA DE VIVIR NO DEPENDE DEL SER, ES DE LA CREACIÓN


LLAMADA ORANTE

La consciencia de vivir no depende del Ser, es de la creación

Y la resultante habitual de los procesos conscientes es la… preocupación.

La vigilia cotidiana está llena de precauciones, prevenciones, desconfianzas, miedos… Esa intensa preocupación por cualquier detalle o motivo, se hace semejante a los días de bruma, de tímida luz, en los que no asoma un claro amanecer.

¿Y dónde están –hay que preguntarlo-… dónde están los momentos, las circunstancias, los sucesos que podríamos tildar de “gratificantes”, “beneficiosos”, “alegres”…?

¡Sí! Probablemente, preguntando y preguntándose se vean “algunos”. Pero ¿qué incidencia, qué importancia tienen en la consciencia diaria de la preocupación?

Enseguida, como una sombra inquietante, aparece: “¿Y luego? ¿Y luego? ¿Y después de…? Sí, esto es… pero ¿y después?”. El “después” siempre se hace penumbra y desasosiego.

El momento cotidiano del detalle, de la mejora, de la privilegiada situación… en referencia a otras situaciones, personas o acontecimientos, apenas si aparece.

Se van también –en esa preocupación-… se van instaurando moldes de desespero, moldes de insolucionables situaciones, moldes de desagrado, moldes de antipatía por el vivir.

La continua exigencia de que el mundo se haga a mi medida penetra por todos los lados. Y en alguna medida, cada ser procura que así sea, y organiza su trama para que el mundo sea visto bajo esa perspectiva: “Esto es así y así y así y así”.

Y la horma-norma… se hace ¡hormigón! Y bajo la defensa de que cada uno se desarrolla y ve el vivir de una determinada forma, se termina –sí, globalmente- con una visión desastrosa.

Y es así como habitualmente se llega a la Llamada Orante: con la particularidad de que, aunque no se pida nada en concreto, hay una queja soterrada de “por qué me pasa esto”, “por qué ocurre esto otro”, “por qué…”, ”y esto qué significa… y por qué”. Pero siempre los “porqués” son a costa de las preocupaciones. No, no son los “porqués” de: “¡Guau! Y esto tan extraordinario que me ocurre…”, “esta detallada incidencia de… ¡uf!”… y así sucesivamente; no es la carta habitual de presentación ante la Llamada Orante.

Que llama para dar, que llama para cuidar, que llama para aclarar, que llama para… “dignificar” la vida. Que llama para modular la exigencia ego-idólatra de cada ser que ¡en descontento vive habitualmente!; y que pocas gracias… pocas gracias y poca gracia hace en su cotidiano proceder.

Incluso los más animosos, enseguida encuentran el freno que les hace retraerse, contraerse, ceñirse al guión de que todo está mal a menos que empeore.

La Llamada Orante nos impele a recapitular los detalles, momentos y cotidianeidades que se viven y que son motivo de sonrisa, de ilusión. ¡Que también existe la fantasía, la imaginación!... Que no sólo existe la crítica, el insulto, el agresivo proceder… por muy gratificante que sea.

La Bondad, la Piedad, la Misericordia nos inundan, y son los ‘barridos’ que nos hacen y nos impulsan a un cotidiano entusiasmo, no hacia una apática vivencia del desagrado; del desagrado que se convierte en dogma, en “lo que hay”.

La consciencia de vivir –de muy diferentes formas- no depende del ser.

Pero sí, éste –éste, el ser- tiene la capacidad y la posibilidad, dada por la consciencia de vivir, de modular su manera de estar.

Y en vez de verlo como una opción más dentro del vivir, el ser lo contempla y lo asume como un poder que emana de su ser. Y de esa forma, elimina, mina o se distancia de esa Misericordia, de esa Bondad, de esa Piedad.

La Llamada Orante nos recuerda que la consciencia de vivir es de la Creación; que la opción de regularla, de modularla, es parte de ese “don Creador”, pero en ningún caso sustituye a la esencia de la vida procedente del Misterio Creador.

De ahí que la Oración se haga recordando que nuestra opción ‘preocupatriz’, preocupadora, preocupante, continuada y perseverante… deba al menos revisarse. Porque, ciertamente, debe estar llena –esa opción- del Milagro mágico de mi presencia, de mi consciencia, de mis capacidades, de mis recursos, de mis posibilidades de incidir, contemplar y meditar el cotidiano regalo de amanecer.

Ocupemos, el espacio de lo preocupante, con los dones, las posibilidades, los recursos, las circunstancias, los momentos.

No ocupemos lugares que no nos corresponden.

Hagamos en el sentido de nuestros recursos, de las demandas de necesidades.

Esa preocupación permanente nos lleva a morir a destiempo, en un Universo “sin límites”.

Desoladora posición.

Cabalgar en una sola unidad entre el sentido de los sentires de los sentidos, con las razones de los ordenamientos, para así darles, al conjunto, una creatividad y una aportación clara… novedosa… entusiasta…

La “buena nueva” está permanentemente presente. El estar atento a ello nos brinda un estado libertario para recrearnos de una manera continuada…

Y que los requerimientos de cualquier naturaleza, que surjan, se aborden con esa expectativa Misericordiosa, Bondadosa y Piadosa que nos envuelve desde el Misterio Creador.

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