2021-07-04

TRASCENDER



LLAMADA ORANTE

Trascender

La progresiva e incesante materialización en la realización cotidiana, en base a la renta, el beneficio, la competencia, la preponderancia, hace de la consciencia del estar, una permanente alerta-alarma… cargada de desconfianza y con instintos de supervivencia.

Pareciera que el dominio –por el deterioro, por la destrucción, por la imposición- se mostrara triunfante en todas las proporciones o escalas, desde las más grandes hasta las personales.

El hálito… el hálito del aliento del ánima, del espíritu, de la Creación, languidece a lo lejos…; tiembla. Y continuas muestras de un vivir por rentas, por logros… sin importar las consecuencias, nos advierten de un progresivo, rutinario, impune… movimiento de especie, que ¡asume!... asume ir desapareciendo; asume la violencia gratuita de “uno menos”. La eugenesia eutanásica se hace cada vez más evidente.

Si en algún momento hubo ideales que protestaban, que pedían, que ¡exigían!… liberarse del yugo productivista, apenas si hay recuerdos.

Las expectativas de este tiempo en el que estamos son preocupantes. Y nos alertan hacia la necesidad de hacernos expectativas, bajo la referencia Creacional, bajo la tutela… ¡de la vida misma!, que se sabe segura, que se sabe viable, que se sabe saludable; que se sabe capaz de transfigurarse, de transformarse, de repararse, de permanecer.

Bien es cierto que esta posición no tiene recompensa, no es ganancial, no aporta ahorros… Invierte e invierte permanentemente en la consciencia de saberse presente en un Universo Creador.

El Llamado Orante nos impele hacia acciones –cualesquiera que sean- que tengan ese eco trascendente, que tengan esa vibración, en la consciencia, de un sentir de Universo; de un sentir de verse y ver… la visionaria realidad, que no es [1]tangente, ¡que no es tangible!… Que es invisible. Y que es a la vez inmanente, en el estar, en el transcurrir.

Es… hora, ya va siendo hora de acabar con las obsesivas disputas de razones, de explicaciones, de ¡sinrazones!, que llevan a un compartir y a un convivir incómodo, desagradable, cargado de prejuicios, de juicios, de condenas, de críticas ácidas en las que no aparece la palabra amable “hacia”, el comentario grato “por”…, sino que reverdece continuamente la crítica, el descaro de acusar…

Eso es deterioro.

Trascender” es la posición que nos lleva a desprendernos de la queja permanente, de la incomodidad constante, ¡de las demandas impositivas!

Y aún… aún se está en la disposición-posición de darse cuenta.

Imperioso es el esfuerzo, cierto. Pero entre unos y otros se han de dar cuenta de la necesidad de trascender a la maquinaria maquinista, materialista y posesiva que nos inunda, que nos reclama, que nos premia, que nos castiga.

Las permanentes y pendientes disputas que quedan ahí latentes, incómodas, guardadas, ¡repelentes!, que tratan de no mostrarse pero… a poco avizor que se sea, se descubren, eso hay que ¡desterrarlo!, ¡diluirlo!; abrirse a esa nueva dimensión de lo transcendente.

Sin miedo, atreverse a expresar… ¡con vigor!... otra versión de los hechos, otra perspectiva de lo que acontece.

Advertir –a propósito de ese diálogo ácido y áspero hacia otros-… advertir que es semejante a aquel que apedrea a otros; que ve la paja en el ojo ajeno, y no, la viga en el propio.

El Sentido Orante nos previene de manera acuciante… a propósito de esta situación; que parece a veces verse lejos, pero que ¡ronda!, está. Y sin ánimo de dañar, está imbuida por un estilo de consciencia poderosa, un estilo de consciencia endiosada, encumbrada en… ¡el ego!

Esa conversión de ego en “nosotros”; esa conversión de nosotros en “Creación”; esa conversión de “nosotros-Creación”, en visiones de... ¡nuevas misiones!, de solidaria comprensión, de condescendencia… pero, a la vez, de rigurosa convicción de que la Bondad es el instrumento, y no, la vara de castigo y la bolita del premio.

El cuidado de la palabra… El cuidado del prejuicio, el cuidado de la condena.

Cuidado en el sentido de “no ejercicio”. No son los termómetros de la convivencia. Son los usurpadores de ella. Son los que pretenden imponer sus motivaciones, sus razones.

El asumir al otro, a los otros, con sus naturalezas, con sus actitudes, con sus posiciones, con sus realizaciones… ¡y compartir un sentir, un ideal común!, es la vía para modificar esa consciencia mercantilista… de ganancia, pérdida, razón, sinrazón, premio y castigo.

Por momentos parece imposible. Por momentos parece que la marea es tan fuerte, el tsunami es tan poderoso… que nos arrastra a casi todos. Tenemos la misión de ser un “¡casi!”, de estar en ese “¡casi!”… con una disposición relevante, reveladora, que escucha, que siente, que expresa, que favorece, que ¡contempla!, y que se ejercita en una disposición complaciente, colaboradora. Que no colabora en la distorsión, en el desentendimiento, en el mirar hacia otro lado cuando se requiere, en la disputa fácil para la apariencia.

¡Casi todos!, pero “casi”…

“Casi” ha de tener la convicción rigurosa y complaciente de ver a “todos”, y de sentirse “casi”.

Y ejercitarse en ello, en el “casi”, sin vergüenza, sin temor a… –seguramente- ser criticado; a ser acusado de estar fuera de la realidad, fuera de… –¡fuera!, ¡fuera!-… y llegar a querer seducirnos por un empleo, una pensión o una seguridad a medio o corto plazo, que nos garantice la vulgar existencia de un tránsito mortuorio. Y que reconocerán como lo evidente, lo natural, lo propio. Y lo ofrecerán como lo que ha de asumirse. Y parecerá dorado y sensato, y puede hacer… ¡puede hacer que el “casi” sea cada vez menor! Pero la marea arrastra, clama y vocifera en su desespero.

Con la atención presta, con la certeza de la Benevolencia Creadora, con la inspiración creativa que no busca renta, con la disposición disponible de lo evidentemente necesario, con la aceptación complaciente de los “otros”… y el compromiso fiel de evolucionar, de modificar, ¡de restar gravedad y sumar entusiasmo!

“Restar gravedad y sumar ¡entusiasmo!”.

Hay que prestar atención; cada vez más atención.

Trascender, es la actitud.

Creativizarse sin compensación, es la disposición…

La convicción de una Providencia inagotable, que nos contempla.

El Aliento certero del Misterio Creador que nos acoge, con su Piedad infinita.

¡Ten Piedad!

Certezas se harán las consciencias que sientan la Benevolencia y la Providencia, cuando transciendan a cada acción, cuando sientan el Amor Creador… y dejen de egolatrizarse con la asediada incidencia del “ganar”.

Disolver la estaca que se clava como… inevitable.


[1] “Tangente”: que toca

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